miércoles, 22 de marzo de 2017

PRÁCTICA 23

En este tema hemos podido aprender desde la identidad familiar, social y cultural hasta la resolución de conflictos en el aula pasando por la adquisición de normas y hábitos, y por el estrés infantil.

En primer lugar, el desarrollo social o socialización es la capacidad de comportarnos en función de las normas sociales establecidas por un grupo sociocultural en un contexto determinado que incluye tres procesos: la conducta adecuada, la representación de papeles (roles) sociales y el desarrollo de actitudes favorables hacia las personas. Cabe destacar que este proceso de socialización comienza en la familia por ello, es muy importante el papel de esta en todo el desarrollo del niño o niña puesto que son el ejemplo, el modelo a seguir que tienen los niños y niñas; aunque posteriormente se complemente con el papel de la escuela.

La escuela junto con la familia es una institución muy importante en la formación de los niños como personas ya que es ahí donde los niños y niñas aprenden las normas y hábitos que luego utilizarán en su día. Rutinas y normas como normas de presentación personal y respeto hacia los demás, normas de higiene y limpieza personal, normas de orden personal, normas relacionadas con el cuidado del entorno, normas relacionadas con el trabajo, normas que regulan las relaciones con los demás y normas relacionadas con el uso de los materiales, entre otras.

Además, en la escuela se producen conflictos entre iguales de los cuales, el alumnado aprende ya que se ve un conflicto como una situación que se aprovecha para el aprendizaje pues ofrecen potencial educativo. Sin embargo, esto en las familias no pasaría del mismo modo que ocurre en la escuela.


Por último, añadir que nuestra cultura considera tiempo como parte importante de la productividad por lo que a lo niños, desde bien pequeños, se les impone multitareas estando sus jornadas completamente repletas de actividades con muy poco tiempo para jugar. Esto da lugar al estrés infantil y no solo se deriva de cómo gestionamos el tiempo sino también de cómo percibimos el entorno (seguro o no), nivel de exigencia, tiempo en familia, etc. Por ello, el estrés infantil se caracteriza porque puede tener manifestaciones físicas como mojar la cama, morderse las uñas, bajo rendimiento, perturbaciones del sueño, agresividad, hipertensión, desobediencia, etc. 

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