Nos propusieron en clase reflexionar por grupos acerca de
la importancia de la familia en el desarrollo de la infancia.
“La familia es el grupo humano primario más
importante en la vida del hombre, la institución más estable de la historia de
la humanidad. El hombre vive en familia, aquella en la que nace, y,
posteriormente, la que él mismo crea. Es innegable que, cada hombre o mujer, al
unirse como pareja, aportan a la familia recién creada su manera de pensar, sus
valores y actitudes; trasmiten luego a sus hijos los modos de actuar con los
objetos, formas de relación con las personas, normas de comportamiento social,
que reflejan mucho de lo que ellos mismos en su temprana niñez y durante toda
la vida, aprendieron e hicieron suyos en sus respectivas familias, para así
crear un ciclo que vuelve a repetirse.”
A lo largo de la carrera, he ido estudiando varios autores
que defienden la importancia de las familias en la educación y en la infancia
de los niños y niñas por ello quiero destacar dos de ellos. En primer lugar, J. A.
Comenius (1592-1670) subrayó el papel de la Escuela Materna, como primera etapa
de la educación, que ocupa los primeros seis años de la vida del niño,
considerados por él como un período de intenso crecimiento físico y de
desarrollo de los órganos de los sentidos y, a continuación, E. Pestalozzi
(1746-1827) que, en su propuesta de educación para el desarrollo armónico del
niño: físico, intelectual, moral y laboral defendió como mejor y principal
educador a la madre para las cuales escribió un manual “Libro para las Madres”
o “Guía para las Madres” en el cual orientaba como desarrollar la observación y
el lenguaje de sus menores hijos.
Añadir
que la familia y la escuela es una unión necesaria pues, cuando los padres
adquieren ciertos conocimientos y desarrollan determinadas habilidades, son
capaces de autorregular su función educativa. Cuando un niño o niña acude a la
escuela y recibe, a parte, una educación, estimulación y guía por parte de su
padre y madre, posee grandes ventajas respecto al resto de niños y niñas ya
que, su familia es la encargada de orientarlo acerca de sus problemas
educativos y estimulación.
Por
último, remarcar el gran valor de contextualizar los
aprendizajes en situaciones cotidianas significativas, es decir, que los
conocimientos que adquiera el alumnado esté en entornos del día a día y que
sean funcionales para un futuro. El niño en su hogar aprenderá a decir la
verdad, a compartir sus cosas, a respetar las cosas del vecino, y ese
aprendizaje va a estar matizado por el tono emocional que le impriman los
padres, los adultos que le rodean, por la relación que con él y ella establezcan y, muy especialmente, por el
ejemplo que le ofrezcan.
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