En una clase de educación infantil he observado a lo largo
de toda la mañana que Juan se rasca mucho la cabeza y, a la vuelta del patio,
se ha quejado de que tiene un picor inmenso en la cabeza. Al ser estas dos
acciones dos indicios claros de que el niño puede sufrir pediculosis, he optado
por revisarle la cabeza.
Cuando me hallaba buscando alguna muestra de la
insoportable pediculosis, me he dado cuenta nada más observarle las raíces del
pelo que Juan tenía un brote de liendres en su cabeza. Para comprobar que eran
liendres, he cogido una y la he matado con las uñas y, al oído del “crack” he
confirmado lo que estaba sospechando.
Tras lo comprobado anteriormente, he decidido, en primer
lugar, avisar a los padres de Juan de lo que le ocurre a su hijo y que deben
llevar a cabo un tratamiento para evitar la expansión de esas liendres.
Después, he elaborado una circular informativa al resto de familias que aborda
que existe un caso de pediculosis en el aula y que han de llevar unas medidas
higiénicas en casa concretas, en cuanto al cuidado del cabello se refiere y,
además, han de revisar las cabezas de sus hijos e hijas semanalmente. Por último,
una asamblea especial para mi alumnado tratando el tema de que no han de
intercambiarse ni los peines, ni cepillos ni otros objetos personales en los
que el pelo esté en contacto.
Para finalizar esta entrada al blog, quiero daros una serie
de consejos los cuales os ayudarán a prevenir el contagio de la pediculosis en
casa. Uno de ellos es recoger el pelo de nuestros más pequeños, en coletas o
moños haciendo así que el riego de contagio sea menor si tienen un pelo largo.
Además, aclarar que aquellos con el pelo largo tienen más riesgo de un posible
contagio y por el contrario, el pelo corto facilita cualquier tratamiento y
previene el contagio. Por último, recalcar que no se deben compartir cepillos,
peines, gorros o cintas de pelo.
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